Policarpa y el camino alterno de la libertad

Por Hugo Correa Londoño*

En los recovecos de la historia, a falta de documentos, se hace necesario desandar sus intrincados caminos y acudir a la narración oral como fuente primaria que es, para tratar de resolver los enigmas que surgen de lo desconocido, en el propósito de lograr visualizar las pistas y asideros que la soporten, y nos ayuden a descorrer el velo de la epopeya de una familia que se incrustó de tal manera en la conciencia libertaria para poner en los pedestales de la patria el invaluable legado de esa extraordinaria mujer que fue Policarpa Salavarrieta. Esto es lo que se pretende un poco en esta crónica bicentenaria, al menos con la ilusión de que otros historiadores con más oficio y argumentos la retomen o la completen.

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Llegamos en comitiva a la hacienda El Hoyón, de la vereda La Tabla del municipio de Chaguaní. Es una edificación antigua y en ruina, con muros en tapia pisada y paredes de más de 60 centímetros de grosor, techos en teja de barro, aledañas a esa hay otras casuchas y un trapiche que operan para cubrir las necesidades más inmediatas de sus ocupantes. Al arribo fuimos atendidos por sus residentes, el señor Hernando Vásquez y su esposa Teresa. Él, uno de los herederos de esta hacienda perteneciente a su familia por más de dos siglos, nos mostró el sitio donde alguna vez estuvo la cabaña en la que vivieron Joaquín Salavarrieta y Mariana Ríos, padres de Policarpa quien nació allí, como otros de sus hermanos. De esa casucha o cabaña no quedó nada; según nuestro anfitrión, su padre la hizo tumbar para aliviar el recuerdo.

De nuestra heroína María Policarpa Salavarrieta Ríos, podemos decir se conoce todo en lo que respecta a sus últimos años de vida, y se dice con certeza la fecha y hora en que fue fusilada dizque para calmar los odios imperiales. Son famosas sus palabras al pie del patíbulo en la que demostró toda su capacidad de entrega por los ideales de libertad que la llevaría a inmolarse por la causa patriótica, en las escalinatas de la Catedral Primada en Santafé de Bogotá, donde fue fusilada el 14 de noviembre de 1817, por un pelotón del régimen del terror impuesto por Pablo Morillo. No podemos decir lo mismo de su día de nacimiento y origen. 1795 parece ser una fecha aproximada que fluctuó entre las actas de bautizo entre dos de sus hermanos.

La Villa de Guaduas es solo un referente de una comarca, toda vez que tanto en el libro de registros de ese municipio como en otros que la reclaman no aparece por parte alguna. Para aumentar la incertidumbre, otras manifestaciones señalan que fue bautizada en Tenjo o Tabio, en peregrinación precursora.

El reto

Próximos al bicentenario del sacrificio de Policarpa, he acompañado a dos entusiastas seguidores: el filatelista Roberto Espinosa y el escritor Manuel Giraldo “Magil”, quienes preparan un libro que llevará la iconografía más variada de esta excepcional mujer, acopiada por el primero a través de muchos años en que la paciencia lo ha llevado por senderos imprevistos para hacer de cada figura o fotografía una historia digna de ser recreada, editada y publicada.

Regocijado con ese trabajo, en una velada con el escritor y pintor Jesús María Stapper, le conté que había visto sobre la heroína de Guaduas una iconografía (que en mi criterio podría ser la más completa que de ella se tenga)-. “La Pola no nació en Guaduas, ella es de Chaguaní”, fui corregido en forma tajante por mi interlocutor. Luego precisó, que le habían referido esa historia en un pasado encuentro de escritores. Quedé de esta forma tocado en mi celo propio al ser abruptamente refutado en un comentario que daba por hecho cierto, de acuerdo a los libros y lo que he leído sobre la singular y joven heroína de la patria. Una vez superado el acceso de orgullo, se suscitó en mí un nuevo interés por esta singular figura histórica y me enfoqué en la búsqueda del verdadero lugar de origen.

El viaje a Chaguaní no se hizo esperar, y días atrás con una improvisada comisión nos desplazamos a ese municipio. Su burgomaestre Mauricio Ramírez Gómez, a quien puse al tanto de nuestra visita, dejó encargados a algunos de sus funcionarios para que nos prestaran la colaboración que llegásemos a necesitar; nuestra meta era buscar y constatar la información, accidentalmente encontrada en la conversación referida.

La tradición oral

En la visita pudimos observar con curiosidad las rancias familias del pueblo, aunque escasas, bastantes tradicionales. La ascendencia de las personas que pudimos entrevistar señalaron a tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres, que nacieron allí, incluyendo a los de las voces que se han encargado de conservar la historia. La maestra Carmen Julia Chiguasuque, nos da razón de los hechos a través de sus versos, fuente de la tradición oral:

Nuestra hermana Policarpa
En la hacienda de El Hoyón,
Vereda de La Tabla, ella habitó
Y así a Chaguaní perteneció…

Continua más adelante:

Cuando en 1802 su padre murió,
ante el notario esto le dejó:
casa de tapia y teja para trabajar,
una tienda con alcoba y cuarto para cocinar.

Además cuarenta mulas para arriar,
siete caballos finos, para pasear,
un sillón en terciopelo carmesí
donde ella meció el sueño de la libertad …

Los historiadores

Chaguaní, población cundinamarquesa de cuatro mil novecientos habitantes según su último censo fue reconocido como municipio en el año 1770. Comparte límites con el municipio de Guaduas (como se puede advertir en cualquier mapa), ambos hicieron parte del virreinato de Mariquita en tiempos de La Colonia; en sus límites está ubicada la vereda La Tabla de Chaguaní y en la que está situada la hacienda El Hoyón.

Mapa eleborado por el señor Campoelías Alfonso Quintanilla

Mapa eleborado por el señor Campoelías Alfonso Quintanilla

A continuación, consigno parte del texto del autodidacto historiador chaguaniceño, Campoelías Alfonso Quintanilla:

Policarpa, nacida en la hacienda el Hoyón el 26 de enero de 1795, se cree fue bautizada en Tenjo Cundinamarca, según manuscritos de la parroquia, hija de Joaquín Salavarrieta y Mariana Ríos, familia respetada de la Villa de Guaduas. En esta época Guaduas siendo corregimiento, hacía parte del virreinato de Mariquita junto con la parte noroccidental de Cundinamarca; la familia Salavarrieta Ríos residenciaba en la hacienda el Hoyón, hoy en día ubicada en la vereda la Tabla jurisdicción del municipio de Chaguaní, era posada obligada para los viajeros que venían o iban para el de Honda utilizando el camino de herradura de Alto de la mona, Lajitas y El diamante que repartían para coger otros caminos de Montefrío o Delicias hacia Albán o San Vicente. En 1797 se trasladó a Santafé, y en 1802 fallecieron los padres de Policarpa y dos de sus hermanos, a causa de una epidemia de viruela. Policarpa aprendió a leer y escribir a los 9 años, en la adolescencia se dedicó a modistería y se interesó por las actividades independentistas de donde se le empezó a conocer como La Pola.

El 22 de julio de 1810 se conoció en Guaduas el grito de independencia y fue cuando se trasladó a Santafé a trabajar como empleada y costurera de doña María Matea Martínez de Zaldúa, desde donde contribuía a la revolución santafereña con información y contactos, ejercía labores de inteligencia, se vinculó al ejercito de los llanos, recibía y enviaba mensajes, compraba material de guerra, convencía individualmente a jóvenes y les ayudaba a adherirse a los grupos patriotas, trabajando al lado de su hermano Bibiano.

Por su parte, Héctor Mateus Vásquez, otro husmeador de la historia, adentrándose en ella nos refirió que para 1970 se investigó y se hicieron búsquedas infructuosas para establecer el lugar de nacimiento de la heroína y no se pudo sacar en claro su origen; aunque de Guaduas, se pudo inferir que la familia se residenció allí por un tiempo. Sus indagaciones confirmaron que después de los hechos de la insurrección de Los Comuneros, los criollos adeptos a la causa revolucionaria fueron hostigados por los oficiales del ejército español, y a los habitantes de esa villa y a los criollos que pasaran por camino real, se les apresaba y hasta se les ejecutaba por razones de seguridad; de tal modo que los insurgentes se vieron obligados a crear rutas alternas por lo que se concibió el paso por la vereda La Tabla de Chaguaní, dada sus óptimas condiciones.

Es así que bordeando los límites de Guaduas con Chaguaní por la vereda La Tabla en la Hacienda de El Hoyón, pasó ese camino alterno, lugar en el que se refugió la familia Salavarrieta Ríos y allí estableció su fonda o posada, con parada obligada para los viajeros, habida cuenta de la profesión de comerciante de Don Joaquín.

La familia Salavarrieta Rios en la historia

De lo anterior quedan expuestas otras posibilidades para los historiadores, teniendo en cuenta, no sólo las etapas en que podemos dividir la historia, sino otras lógicas que surgen de los apremios de quienes enfrentaron para la época, un régimen despótico como el de los tiempos de La Colonia:

1) Entre la insurrección de Los Comuneros (marzo de 1781) y el conocido Régimen del Terror (del Virrey Juan Sámano y el General Pablo Morillo), transcurrieron 35 años y por lo menos, una generación fue sacrificada en aras de la Independencia y la liberación del yugo español, mediando entre ellos el grito de independencia en 1810.

2) En la familia Salavarrieta Ríos, estaban inculcados los ideales independentistas y libertarios, desde los tiempos de la insurrección de Los Comuneros, es muy posible que esa condición llevara Don Joaquín y su familia a una trashumancia continua, tal como se advierte después de su presurosa huida del Socorro una vez capturado José Antonio Galán.

3) El comerciante Don Joaquín Salavarrieta, con su esposa, la moniquireña Mariana Ríos, después de la insurrección de Los Comuneros y ante el hostigamiento de las tropas leales al Rey tuvieron que salir del Socorro, de donde era oriundo, hacia la Villa de Guaduas, por una ruta alterna al camino real como fue el emprendido para establecerse en uno de los terrenos de La hacienda El Hoyón a finales del siglo XVIII, lugar probable del nacimiento de Policarpa. En ese sitio que hacía de fonda y posada para los peregrinos. Es muy posible una vez detectados los movimientos de la familia, estos se hubiesen visto compelidos ante el acoso reemprender su camino hasta llegar a Santafé en 1798, y dejar parte de sus bienes en Guaduas donde tenían familia y conocidos.

4) La muerte de Don Joaquín, Doña Mariana y dos de sus hijos en 1802 a causa de una epidemia, requieren el regreso de los huérfanos a Guaduas, a la casa de Doña Margarita Beltrán (hermana de Manuela Beltrán) madrina de Catarina, hermana mayor de esta familia, lugar en la que según nuestro citado historiador, aquellos vivieron hasta 1810, fecha del grito de independencia.

5) Ocurren dos hechos puntuales en ese momento, mientras Bibiano, uno de los hermanos se alista en las tropas insurgentes, Policarpa, quien para esos momentos contaba con 14 años, quien por su suerte hizo el tránsito de niña a mujer a muy temprana edad y por sus contactos con los ejércitos rebeldes, precisa su regreso a Bogotá para labores de inteligencia y colaboración.

Retrotrayendo la historia, constatamos la importancia que el camino alterno tuvo para los ejércitos independentistas, y de quienes huían del acoso del ejército real, como es el caso de la familia Salavarrieta Ríos en cabeza de Don Joaquín, quien debió de buscar sitios seguros como lo fue el de la hacienda El Hoyón, eludiendo su estancia en pueblos por donde pasaba el camino real como era el caso de Guaduas, punto intermedio entre Honda y Villeta, y donde hubiesen sido detectados de forma inmediata y fácil por los agentes del orden. En la tradición oral de los lugareños se encuentran narraciones con gran convencimiento, tanto de esos hechos como el pasó Bolívar con sus tropas libertadoras.

Aunque el objeto de estas notas, no es ser concluyentes en el tema sobre el nacimiento de La Pola, que es reivindicado por varios pueblos con más o menos méritos, sí es recomendable para la historia que se reabra la investigación y el debate, que de todos modos se siga empoderando y enalteciendo la gloria de esta heroína, y se le hagan los debidos homenajes y apropiaciones en este bicentenario y se erijan monumentos emblemáticos en los pueblos que la reclaman.

Bogotá, octubre de 2017

*Director del Taller de Escritores Gabriel García Márquez de la Fundación Universidad Autónoma de Colombia.

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