Nadaismo, paz y poesía

Nadaismo, paz y poesía

Nos ladran los perros, Sancho, señal que cabalgamos

Por Efer Arocha, París

El viernes 13 de mayo en el salón de Francia América Latina, en París, fecha y día de los mejores augurios para laudables propósitos, en un espacio atestado de público, Ciudadan@s por la Paz de Colombia y Vericuetos, dimos la bienvenida, al aguerrido y temible poeta nadaísta Jotamario Arbeláez y aplaudimos la lectura de poemas, de la poeta Ángela García.

Estando con nadaístas cualquier cosa se puede esperar, como en efecto sucedió. El bate que ahora es dueño de una contextura flacucha de araña de desierto, en paciencia pura fue extrayendo de una mochila una especie de periódico y con él en la mano gritó: A la mierda con la guerra! Atronadores aplausos sacudieron la atmósfera. De inmediato vino a mi magín, el comandante santandereano Pablus Gallinazo, compañero de armas del agasajado; aquél que escribiera y cantara una flor para mascar, yerba con la que abrió fuegos el nadaísmo, motivo de grandes persecuciones por los que todo lo pueden y el estado, empezando por los carcelazos, sustentados jurídicamente por las tumefacciones que a cada puñetazo sufría la clase dirigente. En Fe y Fo, en la contra carátula del texto, apologema al pedo, escrito por el mismo Gonzalo Arango, no es un monumento a los gases excrecentes, sino una agria crítica al orden social vigente de la época y también de la actual, porque las penurias para los de abajo, lejos de desaparecer se acentúan.

Lo que sostenía los dedos del arácnido no era un periódico, sino algo más interesante, un manifiesto contra la guerra firmado por casi todos los sobrevivientes del movimiento, conflicto que irrumpe en el suelo colombiano a fines del 45 del siglo pasado. Jorge Eliécer Gaitán, jefe del liberalismo, se vio forzado hacer la famosa marcha del silencio para tratar de detener el asesinato de sus copartidarios. Violencia que se va acentuando paulatinamente hasta alcanzar las dimensiones de guerra civil en la que nos encontramos actualmente. El documento es una obra de arte político, afirmación que por sí sola, sostiene las bellas ilustraciones del maestro Pedro Alcántara y su testimonio autobiográfico firmado en Cali el 21 de abril de 2004. Lo interesante de los firmantes es que expresan su opinión sobre el conflicto y de manera unánime condenan con sentido lúcido el fardo del dolor que produce la violencia de un proceder insensato, absurdo y lo que es peor, es la atrocidad que en delirio sobrepasa la imaginación de la tragedia. Son ellos: Jotamario Arbeláez, Patricia Ariza, Armando Romero, Alvaro Medina, Rafael Vega Jácome, Jan Arb y Elmo Valencia; con algunos textos de otros nadaístas vivos y muertos.

El nadaísmo emerge en una situación particular de la sociedad colombiana que exige y produce un cambio de unos hábitos y cultura propios de una sociedad pastoril pacata, retrógrada y tradicional, eso de una parte, de la otra, las exigencias de modernidad de la sociedad de mercado. La cual acepta en el plano internacional cambios culturales a través de la música; liderados por el Rock y los productos de la ciencia que liberaron en el mundo la sexualidad femenina. La píldora entregó a la mujer moderna, más libertad que todas las revoluciones contemporáneas juntas. Nadaísmo, Rock y Píldora mandaron al cuarto de los trebejos por inservibles los valores semifeudales vigentes encabezados por la moral judeo-cristiana.

En la época existían colegios para niñas y separado para varones, todos vestían uniformes distintos, insignias para diferenciar sus establecimientos y buscar resaltarlos. Los rezos al iniciar clases, misa obligatoria y desfile público en las fiestas nacionales, departamentales o locales, con bandera del colegio y de la patria, y la banda del mismo. Era motivo de emulación, envidia y rencores entre centros educativos por la calidad de uniforme, banda, pero sobre todo por miradas y aplausos del público, los organismos de enseñanza oficiales de los pobres, eran vivados por las calles donde pasaba el desfile; sin embargo, los privados siempre salían vencedores porque lo que contaba eran los aplausos de la tribuna de honor, donde se encontraban las jerarquías eclesiásticas, las autoridades del estado encabezadas por el gobernador o alcalde, comandante del ejército y de la policía seguido de invitados respetables, una cáfila de caciques de todos los pelambres.

Es fácil colegir que en el ordenamiento social de la época, todo estaba normado. Continuando con la educación, parámetro y símbolo de cualquier sociedad en la formación oficial, las profesoras, para el caso femenino, tenían un metro para medir de la rodilla para abajo cuántos centímetros debía tener la falda. Cuando la vigilante sospechaba que se había encogido, cartabón en mano medía del cuadril para abajo y procedía a soltar el dobladillo. Una falda un poco corta era el primer paso al pecado y si la alumna volvía a infringir la expulsaban del colegio. Para los padres de un expulsado era una verdadera catástrofe familiar encontrar un nuevo colegio o escuela.

Las bibliotecas de los escolares eran vigiladas en las escuelas y también en casa, se prohibía la tenencia de una revista de origen norteamericano titulada Reader’s Digest. Sin embargo, los textos más perseguidos, como sucedía en la Edad Media, con El Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, eran El origen de la vida de Oparin, El origen de las especies de Darwin y Cómo el hombre llegó a ser gigante. De pronto un ejemplar de los antes mencionados caía en manos de algún estudiante inquieto, y es así como una estudiante de un colegio religioso boyacense, empezó a dudar de su divinidad protectora, convenciendo a otras compañeras de colegio que en los asuetos de Semana Santa se fueran para la casa de la finca a las orillas de la laguna de Fúneque, y un viernes santo, se puso el vestido de baño de marca Catalina, de una sola pieza, y ante sus amigas asustadas pero curiosas, puesto que el cura del pueblo, les había inculcado que las mujeres núbiles que se bañaban un viernes santo les salían escamas en su cuerpo y podrían convertirse en sirenas. La atrevida fue metiendo, primero uno de sus dedos de los pies en el agua, habían concluido, que un dedo plateado no era mucho problema porque lo cubría el zapato. Al cerciorarse que no le sucedía nada, hundió otros y luego todo el pie, todas lo escrutaron al milímetro, al no descubrir algo sospechoso, mojó el otro. Llena de susto al igual que sus compañeras, miraba atentamente a ver si le salía la primera escama. En vista que no aparecía el recubrimiento plateado por ninguna parte, se lanzó al agua y empezó a bañarse; acto seguido sus compañeras hicieron lo mismo. De pronto salieron corriendo del agua, se quitaron los vestidos de baño para mirar si en alguna parte les había salido la susodicha escarcha. Al comprobar que no había tal, volvieron a meterse en la laguna olvidando ponerse el adminículo. Desde entonces dejaron de creer en tanto cuento, y una de ella vive en París y puede testimoniar de lo sucedido.

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Nadaístas, rock y píldora crearon las condiciones para el destape colombiano. En Medellín, siguiendo el ejemplo del festival de rock and roll efectuado en Woodstock se realizó el encuentro del Parque Ancón Norte. Entre sus organizadores se destaca la figura de Carolo, quien preparó la tribuna y todo lo necesario para un concierto al aire libre al que asistieron miles de personas, unas como protagonistas y otras como espectadores, los curiosos se ubicaron a la orilla de la carretera en un fila interminable de vehículos para oír los sonidos del son revolucionario y más tarde observar el apareamiento público de miles de parejas que se orgasmaban sin el menor recato. Consecuencia de semejante osadía, las jovencitas abandonaron la costumbre de subirse un poquito la falda para producir el tumbao que tienen las bellas al caminar, sino que de frente se la subieron bien arriba de la rodilla y fue así como apareció en la nación la minifalda, mientras que las adultas abandonaron todas las virtudes, empezando por las teologales. En los muros de las ciudades se hicieron célebres algunas pintas, más tarde llamadas grafitis. Un marido sin cuerno es como un jardín sin flores, la virginidad produce cáncer, garantizo polvo dietético. En Medellín hizo una aparición furtiva, una costumbre de la que hoy nadie habla; para las señoras y los señores de alcurnia, era necesario y bien visto que ellos tuvieran efebo y ellas efeba. Desde entonces, la homosexualidad antes reprimida y clandestina empezó a sacar la cabeza y en el caso femenino ellas se atrincheraron en la heladería Sayo Nara, situada en un lateral del parque Bolívar.

En las universidades los estudiantes empezaron a cuestionar a los profesores, constituyendo vanguardias en grupos que investigaban; resultado de ello en literatura, se publicó por primera vez la obra de Vallejo, y en política, parte de las obras de Stalin. Se nombraron a jóvenes cuya tarea era convertirse en especialistas de determinados escritores. En lengua rusa se eligió a Antón Chejov, en inglés los escogidos fueron tres: Oscar Wilde, James Joyce y William Faulkner; en francés a Baudelaire, tarea que recayó sobre mi amigo Faber Agudelo. En sindicalismo perdieron la hegemonía la UTC y CTC, centrales tradicionales. Por todas partes surgió el sindicalismo independiente, en Bogotá Finasintrap, en Medellín, bloque sindical independiente y así sucesivamente. Período en el que aparecen los dirigentes sindicales no obreros, entre los más destacados se encuentra Pacho Mosquera que luego fundaría El Moir, organización política vigente todavía. Era la época dorada para la PQB -pequeña burguesía-. A ella debemos la proliferación de organizaciones políticas de izquierda y grupos armados en la década del 60 hasta mediados del 70. Cúspide también del nadaísmo.

Un poco antes, a fines de la década del 40 y 50, los gobiernos conservadores de Ospina Pérez y Laureano Gómez, se lanzaron en tremenda persecución violenta contra el pueblo liberal. El que obligado se defendió organizando grupos guerrilleros, entre los más celebres se cuenta la guerrilla de los llanos comandadas por Guadalupe Salcedo y otros. Grupo que comenzó a ser amenaza para Bogotá, puesto que el ejército era derrotado inexorablemente en decenas de frentes de guerra y retrocedía cada día siendo incapaz de detener a los bravos llaneros. La victoria total se asomaba ya en razón de que casi la mitad del territorio nacional estaba en sus manos de los insurgentes. La burguesía colombiana en un acto de audacia y de excelente inteligencia logra salvar el pellejo. Busca a un anónimo oficial de ingeniería llamado Gustavo Rojas Pinilla y organiza un auto golpe de estado. Rojas logra un acuerdo con los alzados en armas y pacifica la patria. El ala de la burguesía recalcitrante va eliminando los que a su juicio consideraba peligrosos, el primero entre ellos fue Guadalupe Salcedo. El saldo del conflicto en víctimas mortales jamás se sabrá, sin embargo, en el libro Violencia En Colombia, escrito por Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, se presenta la cifra de 300.000 muertos, otros autores afirman distintas cantidades.

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La década del 60 es un caldo efervescente, cuna de grupos políticos diferentes a los tradicionales y guerrillas de nuevo tipo. El de mayor significación sería el PCML, fundado por Pedro Vásquez Rendón y que diera lugar al dividirse a otras fracciones, consecuencia de la división del movimiento comunista internacional chino- soviética. La línea ML de aquella época de trascendencia ha sido el MOIR. En cuanto a los grupos armados perdurables y sobresalientes ELN y FARC. Herederos en parte de la tradición guerrera de las guerrillas campesinas de la década del 50.

Lo anterior es un bosquejo a la ligera del conflicto colombiano que nos lleva como todos los que toquen el tema de una u otra manera, a formularse la misma pregunta. Por qué en los tiempos actuales y en América existe por años una guerra civil que no ha encontrado solución. La primera respuesta es que en la crítica de las armas, la acción militar está agotada porque no hay victoria para ninguno de los dos bandos, siempre terminan en tablas como dicen los ajedrecistas. Al encontrarse cerrada la vía militar, no hay solución distinta al acuerdo político que dé como resultado la paz.

La primera respuesta no es satisfactoria para los habitantes extranjeros. El primer problema real que originó el actual conflicto, es de tipo político. En Colombia los sectores populares siempre han estado marginados del poder, y mucho menos sus intereses se han tenido en cuenta. Todos los gobiernos de la república han sido hasta hoy de derecha. Lo único que cambia en ocasiones, es el grado del accionar político, que oscila entre una derecha moderada y su extrema. De otra parte, la acción violenta ha creado en una franja del sector popular y sectores medios de la población, la conciencia de la resistencia activa, sedimento que ha permitido el enfrentamiento indefinido, lo demás son factores en grado distinto.

Para un europeo es un absurdo, o para cualquier persona, el ejercicio hegemónico de una sola tendencia política en la administración de una nación en forma perpetua. La existencia de una verdadera democracia, es el de permitir el libre ejercicio político de la oposición y garantizar el acceso a la administración en caso de resultar vencedora en el juego comicial. Esto no es cosa distinta al ejercicio de la democracia clásica burguesa. Pero en Colombia, una tendencia política de verdadera oposición es barrida a punta de bala, basta con señalar un caso reciente, la Unión Patriótica fue eliminada del panorama político al asesinarle 5.000 de sus militantes, lo mismo sucede con los dirigentes opositores, los matan. Ante semejante realidad lo único que cabe preguntarse, es cómo ha logrado sobrevivir Colombia para no desintegrarse como país.

Superar la violencia endémica mediante el acuerdo de la Paz, es una acción que beneficia a todos los colombianos sin excepción. En el caso de los ganaderos, en la realidad del mundo actual, lo que necesita el país y en beneficio de sus propios intereses, es que se actualicen modernizándose al máximo para producir con altos niveles de ganancia en el campo de la exportación, ampliando fuentes de empleo con salarios dignos que le permitan al trabajador subir su nivel de vida. Los salarios de miseria son la ruina a largo plazo. Lo anterior es válido para todo el que es o se sienta capitalista. No hay que tener un concepto pobre de la riqueza, sino ricos de verdad. Que la Paz les permita andar libremente sin guarda espalda, llevar la familia al parque y gozar de su dinero. La riqueza no es el problema en Colombia, el problema es la pobreza. Colombia en Paz, debe iniciar una cruzada nacional para extirpar de raíz los focos de miseria, desterrar el hambre de las calles y de los campos; y en ese orden acercar a los de abajo hacia los de la mitad; y los de la mitad hacia los de arriba. La Paz es una bondad para todos, no para unos sí y para otros no. Pensando en esto debemos hacernos una asepsia de predisposición de tolerancia y sin odios, por esto pienso en el expresidente Alvaro Uribe, en su vida personal y familiar, custodiado por decenas de hombres armados, soportando la presión de un posible atentado, en todo aquello de una personalidad pública. Concibo al senador Uribe en un ambiente de Paz al servicio del Estado como representante de nuestra diplomacia durante un lapso disfrutando de la vida del común, verdadero deleite para quienes son famosos.

El socialismo de verdad, el del hombre nuevo, es una utopía irrenunciable que no ha sido posible en parte alguna, apenas un intento fallido, pero que pasará mucho tiempo para que sea posible, por razón simple, los medios materiales no han llevado al cosmos, pero la conciencia humana se encuentra en la edad de piedra; una muestra simple, hoy continuamos matándonos entre colombianos, por problemas que se arreglan en un par de conversaciones.

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Retomando el nadaísmo, al acto asistieron viejos amigos de Jotamario, el pintor Mario Ossaba, el pintor Miguel Ángel Reyes, el escritor Eduardo García, la poeta Ángela García participante en el acto, el poeta Jorge Gálvez, el poeta Jorge Torres, las periodistas Angélica Pérez y Nora Parra y una larga lista. Otros asistentes entre los que se cuentan el poeta peruano Elquin Burgos, El escritor peruano Mario Wong, las sociólogas Liliana Galindo y Rosalba Betancourt, los lingüistas Yves Monino y Carolina Ortiz y personalidades francesas, colombianas y latinoamericanas. Siguiendo la tradición vericueténse a la sombra y calor del zumo de los viñedos, se abrió la sociabilidad donde el palique transitó por la añoranza, anécdota, carcajadas, abrazos, citas y todo lo que brota en un encuentro en el que el arte y la cultura son los anfitriones.

Con los amigos de La Vaca Azul, acordamos una segunda presencia de Jota al día siguiente en vista del entusiasmo del público que no cabía y no podía hacer presencia en el acto de Vericuetos y Ciudadan@s por la Paz. Pero también porque el visitante tenía por La Vache Bleue perennes reminiscencias de su primera lectura parisina hecha en dicho lugar. El espacio de la Vaca también resultó insuficiente con la presencia de otras caras donde reinó la rica lectura y curiosidades de la asistencia satisfechas por el expositor ampliamente. El humor proverbial de Jota en las dos lecturas saturaba los espacios por las risas y los interminables aplausos. Por motivos de espacio no puedo hacer otras alusiones de gran interés. La presentación del poeta en la Vache estuvo a cargo de Julián Rodríguez, Jorge Gálvez y Jorge Torres. En el acto del día anterior, por Ciudadan@s por la Paz Hernando Franco y por Vericuetos, Efer Arocha.

El llamado del arte por la Paz de Colombia a través de la poesía y por su nutrida asistencia proveniente de distintos horizontes sociales, políticos, ideológicos y filosóficos, son motivo de una inmensa alegría, pero sobre todo de un optimismo cargado de realidad y presagio, que nos permiten avizorar la Colombia anhelada que nos hace ya coquitos en el horizonte.

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