Nadaismo en Obra negra

Por Jotamario Arbeláez.

El próximo 26 de septiembre van a cumplirse 40 años del accidente en Gachancipá, donde perdiera vida y sombrero su fundador y líder, el “profeta” Gonzalo Arango.

Y los nadaístas continúan con la joda, ahora incluso pendientes de la presidencia de la república.

Porque tenía que ser un nadaísta, Humberto De la Calle, quien le trajera la paz a Colombia. Ya le tenemos el slogan: “De la Calle a Palacio”. No será el presidente perfecto, pero es el mejor posible.

Gonzalo llega a Cali en 1964. Lo reciben Jotamario, Raquel Jodorowxki, Elmo Valencia, Pedro Alcántara.

Gonzalo llega a Cali en 1964. Lo reciben Jotamario, Raquel Jodorowxki,
Elmo Valencia, Pedro Alcántara.

Hay que reconocer que el autor de Medellín a solas contigo se salió con la suya.

Fundó el nadaísmo en el 58 y a los 58 de fundado, y en los 40 de su jubilación terrena,hace que se cumpla la profecía del obrero en el bar de Efraín en Cali: “Tal como van las cosas, un día el presidente de Colombia será nadaísta”.

El Profeta de la Nueva Oscuridad se las traía, y ahora Colombia no sólo tendrá que mamarse a las Farc, sino al nadaísmo, en combo
—cuidando de que no se propasen— rumbo al salón de los gobelinos, adonde no habíamos vuelto desde las copas de vino de Belisario.

La misma Antioquia tenía que producir la contra de Uribe.

Quién iba a pensar que el nadaísmo iba a durar más que la tela de los hilos perfectos, mamándoles gallo a sus detractores. Y que ahora se apreste a proponer a Colombia el Nadaísmo del siglo XXI.

Pues ahora los nadaístas, los vivos y los muertos, que nunca practicamos ningún deporte, somos los colombianos de mostrar por el mundo, mientras los prohombres que nos acosaban están prófugos o presos en las cárceles que, por vagos, nos tenían reservadas.

Les pido el favor que me digan si esto no es un nuevo milagro.

El anterior fue haber convertido, a través de Sergio Fajardo alcalde, la tenebrosa cárcel de la Ladera, adonde estuvo confinado por un acto ingenuo de niño terrorista terrible, en un parque biblioteca, a cuya inauguración como desagravio todos los nadaístas fuimos invitados de honor.

El más prolongado, es tenernos a sus fieles e infieles discípulos, desde hace 40 años, comiendo del muerto.

En la Medellín del 60, Gonzalo, Amílcar y unos amigos-

En la Medellín del 60, Gonzalo, Amílcar y unos amigos-


Aparte de los actos de conmemoración que se anuncian, en varias regiones del mundo, coordinados desde Nueva York por Michael Smith, hijo de Rosa Girasol y heredero de sus archivos, es significativa la reaparición milagrosa de dos libros que reúnen lo principal de su producción:

Obra negraÚltima página, escritos en la revista Cromos, rescatados y seleccionados por Jaime Jaramillo Escobar, y editados por la Universidad Pontificia Bolivariana.

Es por lo menos milagroso que una revista de señoras en la peluquería albergara el ideario peliagudo del nadaísmo y el paso por la vida de una generación que se atropellaba para embocar el camino que no conducía a ninguna parte.

Así como su maestro Fernando González escribió desde muy joven sus Pensamientos de un viejo, Gonzalo también desde muy joven cada semana escribió su última página.

Jaime Jaramillo Escobar y Jotamario en la Bogotá del 70

Jaime Jaramillo Escobar y Jotamario en la Bogotá del 70

Esta nueva edición, en precioso nuevo diseño, ostenta el sello editorial de Eafit y de la Corporación Otraparte.

Y es de esperarse que continúe con la producción nadaísta, que es a todas luces caudalosa.

Ya no teman que seamos “escritores de alcantarilla”, como nos tildó el presidente de la Academia, ni las putas del paseo, como nos quisieron ubicar colegas rivales, ni los enemigos públicos número uno, como nos reseñó el Das, antes de que lo desmantelaran,
ni prospectos del Anticristo, como predicaban los curas.

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Gonzalo murió prácticamente en olor de santidad, tanto que cuando los nadaístas sobrevivientes llevamos sus despojos al cementerio de Andes, dijimos en la misa que lo devolvíamos a la Iglesia pero con una condición, que nos lo hicieran canonizar.
Nos dijeron que debíamos acreditar sus milagros. Ya vamos.

La santificación del hijo de Andes no lleva prisa. Como escribió de sí mismo Jaime Jaramillo Escobar: “La eternidad tiene tiempo de esperarlo”.

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