El mito en la figura esculpida

El mito en la figura esculpida

Por Efer Arocha.

El mito ha sido una manifestación del arte predominantemente escrita, derivado de esto, es uno de los patrimonios de la literatura. No significa que otras manifestaciones del arte, la ciencia y la cultura, no puedan recurrir a él. En lo concerniente al hecho creativo, presenta raíces en los mitos de las religiones orientales avanzadas porque lograron ascender a la representación, sea por imagen o por volúmenes corporales, miles de años antes del nacimiento del monoteísmo.

En el sentido del rigor escritural nos basta con situarnos en los griegos, a quienes debemos el término. En esa lengua el vocablo fundador es “muthos”, que significa palabra no racional de un discurso, y en el bajo latín “mythe” aludiendo a fábula. En la filosofía se hace presente también en sus orígenes; es suficiente con anotar el mito de La Caverna de Platón.

En la antigüedad la escultura y la pintura presentan variados registros míticos desde perspectivas disímiles. Uno de ellos popular en todos los estadios, es el de la Sirena, idea concebida por los por los griegos, ella ha sido viajera de todas la civilizaciones y tiempos. Reproducimos a continuación el mito nórdico que atrae mediante el eco de un instrumento musical a los hombres para hechizarlos y dejarlos viviendo para siempre en las profundidades abisales del océano.

Leyenda escandinava y alemana

Leyenda escandinava y alemana

Sin embargo, la modernidad lo interpreta desde el campo de la antropogénica algunas veces, debido a la existencia de otros géneros como los teogónicos, cosmogónicos, deusgónicos… Las codificaciones actuales se encuentran bastante cerca de los valores antiguos, y en la mayoría de los casos la diferencia resulta casi imperceptible, apenas las distancias propias de las civilizaciones. En la premodernidad y modernidad los cambios son de orden más temáticos que de contenido. Elegimos un óleo que trabaja el mito de la justicia, el que reproducimos a continuación buscando dejar al lector sus propios espacios interpretativos.

Hans Aachen

Hans Aachen

En ese mundo amplio que es la mitología existen variadas betas interesantes, una de ellas es la alegoría que ha sido vista con ojos distintos en los diferentes estadios históricos como también de acuerdo a la conciencia artística que cada creador tenga de esa fenomenología en su particularidad. Tanto lo histórico, como el concepto de cada creador, están determinado por la base material, sustento de la sociedad, la que es condicionada y determinada por la objetividad material que le imprime la escala de valores correspondientes de las creencias. La estructura material del imperio romano correspondía al estadio deusgónico donde se encuentra el Imago Dei sustentador de la creencia del “Funus Imaginarium”, consistente en que el emperador podía convertirse en dios, en caso de existir la prueba de que el cuerpo del difunto se había elevado al cielo. La prueba de este pasaje la encontramos en el relato de Cassius Dionysius, quien juró ante el senado haber visto ascender al infinito el Imago Dei de Augusto. Como vemos adquirir la calidad divina no era asuntos de poderes extraterrenales, sino del interés político del senado. Es de anotar que la ascensión al cielo de Jesús, en el rito católico, es una copia burda de las deidades romanas.

En el cuadro El triunfo de la Justicia, de Hans Aachen, arriba indicado, se inspira en una parte de la descripción de La Caverna de Platón. La obra además de bellísima es muy rica en el campo de la polisemia. Siguiendo el método que me aconsejara mi amigo norteamericano, el profesor Tino Villanueva, quien utilizó la progumnasmata de los retores antiguos, donde sobresale el griego Aelus Théon, en el siglo I, en Roma, en el cual la Ekphrasis resulta un medio muy eficaz para analizar un producto artístico mediante el uso de las herramientas poéticas o narrativas y otras. Incluso diría que es un elemento pedagógico del cual deben servirse los profesores latinoamericanos. En El Triunfo de la Justicia, el elemento simbólico que es otro constituyente mitológico, lo descubre el observador en la balanza que evoca la equidad de la justicia.

La ley en el plano de la alegoría la representa el león, donde el contemplador sin ningún esfuerzo encuentra una carga del artista con el simbolismo de la ferocidad del felino. A través de dicha lectura, la ley no es serena o imparcial como se presume debería ser. La ferocidad del Léon encarna odio y venganza, interpretación que saca de lo alegórico a la justicia colocándola en la lógica de la realidad, en razón de que hasta ahora, los tribunales del planeta son todos retaliativos y no correctivos. Aquí la pujanza de la fiera es universal en función de denuncia y cuestionamiento a la filosofía del derecho.

En el mito que recrea el arte existe la presencia de una contradicción que resulta interesante consignarla, puesto que es un faro de luces en el área del conocimiento en lo concerniente al fenómeno artístico. Es lo público y lo privado, sobre lo que discerniremos en el espacio dedicado a Bruno Torfs. No obstante, existe en el arte público una creación escultórica donde hace presencia lo mitológico, la cual le exige al transeúnte una exquisita sensibilidad para que pueda develar los contenidos; ella es la fuente que está constituida por dos elementos distintos, inclusive opuestos, como el líquido y lo sólido. En la fuente dirá un filósofo dialéctico: se funden la unidad de los opuestos que da como consecuencia un producto-arte, que es por sí mismo género. La escultura convierte el agua en su melena, y el espectador sensible tendrá su propia lectura que puede empezarla por el vaho de frescura que exhala cada fuente en su acto de existir. Reproducimos como ilustración veritativa la Fuente del Palacio Real de Caserte que recrea el mito de Diana y Acteón la cual se encuentra en Nápoles.

Fuente del Palacio Real de Nápoles

Fuente del Palacio Real de Nápoles

Otra fuente de vivo interés, por ser un producto clásico, empezando por las pilastras corintianas y una concepción bastante original, es la Fuente de Los Inocentes, la que reproducimos a continuación, donde el lector encontrará mitos antiguos recreados por nuestra concepción accidental del arte.

Fontaine des Innocents

Fontaine des Innocents

Esta fuente en los inicios de su construcción se llamaba Fontaine des Nymphes, ubicada la Plaza Joachim-du-Bellay, en el sector des Halles, de estilo renacentista mezclado con ideas greco-romanas. Su construcción se debe al arquitecto Pierre Lescot, y las ninfas al escultor Jean Goujon, quien se inspiró en las “naïades” de las leyendas griegas. Esculpió cinco estatuas acuáticas que son las viven en las aguas dulces especialmente en los ríos y quebradas, siendo objeto de un culto particular.

La trinchera de Clemente Orozco

La trinchera de Clemente Orozco

La pintura siempre ha trabajado el mito, sería más justo sostener que gracias a la pintura y escultura hoy conocemos los más bellos mitos forjándonos concepto preciso y sólido sobre el tema. En lo pictórico hay un género de indiscutible importancia en lo que nos ocupa, se trata del Mural. México tiene hoy una brillante tradición que escolla en varios sentidos, uno que resulta a nuestro juicio ineludible por su originalidad, es el mito político. El muralismo de este país es hijo de la revolución llevada a efecto a principios del siglo XX. Siendo presidente Alvaro Obregón, nombra secretario de educación a José Vasconcelos, quien aconsejado y presionado por un grupo de artistas e intelectuales que buscan liberarse de los paradigmas europeos de arte y cultura buscando las expresiones de un arte nacional inducen al secretario apoyase en Gerardo Murillo fundador del Centro Artístico. Murillo llama a colaborar a unos jóvenes pintores: José Clemente Orozco, Roberto Montenegro, Diego Rivera, Ramón Alva y a David Alfaro Siqueiros, acierto del que nacerán trillizos: Orozco, Rivera y Siqueiros; ubicando a Murillo como el padre del muralismo mexicano. Esta corriente se ha extendido relativamente en toda la América, en Colombia Pedro Nel Gómez, Estados Unidos, Chile… en las tierras de los muralistas la creación no se ha detenido, sino que continúa paciente pero con vigor, con evolución temática y también en la técnica como corresponde a los tiempos actuales. Uno de los muralistas contemporáneos de ese país de calidad, es Julio Carrasco. Creador hábil y agudo en la escogencia del tema y tratamiento cromático fundiendo valores culturales donde lo mitico no está ausente. El observador puede apreciar una de sus obras que reproducimos a continuación.

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Retomando la obra del escultor latinoamericano Bruno Torfs, en la escultura que publicamos al iniciar el presente trabajo, la cual está en Marysville, Victoria, en Australia, quien la mira se encuentra ante una figura rica en leyendas selváticas y fáunicas que permiten interpretaciones donde hace presencia el mito como una fuente pilar del conjunto de esculturas de este autor.

Bruno, al modelar una figura antropomórfica hundida en un follaje de montaña, nos remite de inmediato a la fábula silvestre, que desde luego es otra beta del mito. El recurso excelentemente explotado y bien medido de la edad provecta, envían al observador a una vejez de tipo mágico que se personaliza en el duende protector de los animales habitantes de los bosques; esa es una lectura de superficie; sin embargo, en los mundos de la divinidades antropomórficas y zoomórficas, se presenta una comunicación de ultratumba entre espíritus protectores que el contemplador descubre a golpe de vista al interrelacionar el ave que el duende lleva posada en su cabeza y el polluelo en desprotección. Hay una lectura con un carácter distinto que se inicia al primer golpe de ojo, haciendo una interrelación de todos los elementos que constituyen la obra; esto nos envía de inmediato al mundo de la racionalidad sintetizada en el concepto ecológico, el cual es un eje de unidad en todas las obras que más abajo encontrarán de este artista que ha escogido fundir el elemento vegetal con la figura escultórica. Desde la gnoseología del arte, la presencia de originalidad en los contenidos que afloran al tomar la obra en su conjunto, es incuestionable que uno de los pilares en el juicio artístico, está presente en cada obra en su especificidad y en la totalidad temática; nos referimos aquí a la belleza, factor decisivo en el juicio estético. De manera breve nos detenemos en algo que consideramos ineludible en asuntos de arte. El creador nos coloca frente a una concepción que presenta dos contenidos: el del uso y el de la pertenencia. En lo que concierne al uso, la obra; sea en su particularidad o su generalidad, se clasifica en la idea de arte público, en el cual uno de sus paradigmas es el disfrute de individuo genérico en tanto que es fenomenología veritativa de lo social; es el mirar del conjunto que se encuentra realizándose como observador de contenidos artísticos. La pertenencia, cuando el uso es social, por este simple hecho niega la propiedad privada. Lo privado en la producción artística tiene exclusivamente la finalidad del lucro, de ahí que el coleccionista o poseedor individual, busca en el objeto de arte, el beneficio; derivado de ello, el producto arte no es cosa distinta entonces a una mercancía más en el movimientos de los negocios de la sociedad de mercado, y en cuanto al goce o disfrute de la obra mercancía-arte, es de uso exclusivo de su propietario.

A continuación una serie de esculturas de Bruno Torfs:

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