Del libro El abrazo de los ríos

Del libro <em>El abrazo de los ríos</em>

Por Myriam Montoya.

Bien común

Pueden los pueblos elegir
también el sacrificio y la destrucción
de sus viviendas los tejados desmontar
ladrillo por ladrillo derribar los muros
puertas y ventanas arrancar
pueden catapultar rampas
y fortificaciones edificadas por antiguas dinastías
pueden demoler las escuelas
echar abajo los templos y las esculturas de héroes y dioses
pueden dinamitar el hormigón
volver trizas las columnas con sus huesos de acero
pueden volver ripio los puentes y pasarelas
y no dejar piedra sobre piedra de ningún palacio
estadio hospital universidad o prisión
pueden con taladros y excavadoras y fuego reducir
a polvo y ceniza
sus museos bibliotecas y teatros
que ni una estaca
ni parapeto quede en pie
que todo sea cúmulo triturado
y ninguna escalinata o malecón
conserve siquiera la estructura de su nombre
más temprano que tarde
todos renuncien a la imagen
de sus terruños y remansos
exhumen de los ancestros las tumbas
y sus despojos mortales consigan trasladar

Por decreto o voluntad colectiva
pueden ciudades enteras tirar todo a tierra
bajo la firme promesa de construir magnas obras
faraónicas represas transformadoras de energía
que las generaciones en hierba heredarán

Después como caracoles
cargar el mobiliario rescatado
llevar en la caparazón los bártulos
que a cuestas sean capaces de sobrellevar
replegándose hacinados en ciudades de colmenas
todo esto
tan sólo
para permitir que a su historia la ahoguen y sumerjan
las aguas violentas de los desviados ríos

en las orillas abiertas
de una roca madre
donde la inundación amenaza con tragar
pueblos y embarcaciones
es grieta que el torrente
ensancha milenios ha

murallas separadas
tal vez abrazadas en lo profundo
del mismo lecho
raíz
carbón moliendo en su fosa
la melaza de las aguas

el peñol roto
remontando estratos arriba
como un colmillo enorme
cariado de sarros y de musgos
de invasores helechos
bosques
que en toda oquedad
implantan sus esporas

piedra que ya no crece
pero que fecunda
revelando su único secreto

sombra

piedra que ya no crece
pero que se deja penetrar
por tajantes rayos
por la sierra insidiosa
de las neblinas del ascendente vaho
que perpetúa la humedad

peñol roto
dinamitado de especies
parásitas que lo hacen brotar
mole inmóvil
palpitante
en la encía fósil de la ribera
empozando el líquido

espejo impenetrable
de la vacuidad
en el que humean velos
allí arrojan sus miasmas los únicos arcángeles
que se han visto sobrevolar esta tierra
que santos nombres no tienen

Ave Cóndor
Ave Albatros
Ave Pelícano
Ave Gaviota
Ave Águila
Ave Cigüeña
Ave Grulla
Ave Buitre

su guano es prodigio
atesorado maná
en trasatlánticos
y en vientres de aviones
que escinden y rasgan
en la escritura de las nubes
las tragedias incesantes
proyecciones deleznables
del pasado
que en otros cielos
buscan la encarnación
de su imposible avatar

las gargantas de los ríos bostezo
suspendido de la materia candente
estremeciéndonos con su eterno rictus
sus torsiones de aluminio brutal
sombra fugitiva derrumbada
en la virtual profundidad
infinito atrapado en
el plano ecuóreo de la quietud
abismo de la imagen

las dos orillas y el orbe
espejismo
el azogue ambarino
que encandila los declives
vano incendio sofocado
por el movimiento
en su ardor metálico
el filo rasga en lajas
del silencio
en su vibrar mineral
el sílex estalla el corazón
de la luz

es por elevada la muralla
que al vacío lo llamamos
puerta o garganta
declives sucesivos
dando libre curso
al pensamiento impedido
a la incertidumbre flotante

es por elevada la muralla
que se despeñan
las estrellas del deseo
agua lluvia
que burila con sus filos
cavando la ruta de
riachuelos
trilla y zarandea
en bucles y borbotones
capas arrugadas que se templan
como velos rizados
lanzados y devueltos

Heráclito
desde las orillas desmiente
lo aparente inmóvil
su letanía aflora
son los bajos fondos
que nos arrastran

los viejos huesos del mundo
amarrados
con roca arena y sangre
axones líquidos
multiplican sus ligamentos
como dendritas solidarias atan
los cauces

las puertas son ribazos
altiplanos colgados
donde
se empoza el lago
con sus tentáculos de ameba
y en las grutas el
idilio de los bichos
desova

Lo que importa
es aquello que subsiste
lo que flota
en el más precario
equilibrio

un muelle
a la orilla sujeto
sirviendo de embarcadero
una balsa en su vals
un ferri con su tonelaje
y sus tripulantes
cruzando las aguas profundas

lo cóncavo expulsado
que se aploma
con la carga entre su vientre
a paletadas de remo
se dirige

lo que importa
son los nudos de la sogas
el surco del estribor
que recama su efímero
desapego geométrico

importan
los nichos a donde se depositan
o resguardan
minúsculas bestias
con sus vejigas y alas
translúcidas
sus mandíbulas y pitillos
aspiradores

puesto que todo fluye
lo que importa es lo que pulula
lo que se resiste a la corriente
aunque a su destino es arrastrado
las manilas domésticas
los planchones acarreando
cuerpos

el puerto anunciado
entre los vahos fugaces
en la línea de flotación
la danza nocturna de
embarcaciones
en manada amarradas
al muelle

importa la fuerza activa
que trabaja
lanzando sus aparejos
y redes
tentando un numeroso azar

esquivar en el intervalo
todo obstáculo
lo que importa
es llegar intacto a la otra orilla

los arbustos que violentos
se aferran con sus zarcillos
en los intersticios
pero alzan vuelo con sus ramas
buscando escalar
lo abrupto
en las ranuras de lo que despeña

donde las montañas cierran
sus puertas
no es navegable el estrecho
pero el pescador descalzo
sobre la roja chalupa
aguerrido al mástil
la espalda curva en el vaivén
de la espera
su velamen gobierna
el río eterno
muda en sus meandros
las ondulaciones que arrastran
su carnada

Lo que importa es el chapuceo
que recuerda el incesante
movimiento
Las sirenas de los barcos
como un lamento en los puertos
anunciando el tránsito

Lo que importa
son los cantos de los pescadores
en las travesías
las frívolas conversaciones
que tejen sus días

Lo que importa
son los pregones los tratos
los trueques y cambalaches
en los malecones

Lo que importa
son los olores que orientan
las estaciones traídas
por la atmósfera

Importa el combate
de las aves con el río
al acecho de sus presas
y las migajas diarias
que los pescadores
tiran al agua
para cebar los peces

Importa el lenguaje
de las nubes
con sus cirros
cúmulos y recuas
las brisas y el rocío matinal
anunciando vorágines
o súbitas trombas
que obligan la vida
a apostar y a aferrarnos

contemplar desde lo alto
por un instante
es convertirte en dios
abajo
el río con sus brumas
compacto danza invisible
bordando faldas de continente
que son muelas de repliegues

volverse un dios
que observa con su alada aureola
tejida de cáñamos y de mimbre
lustrada de vientos
lustrada de corrientes
rota de espera
perfil bruñido
que a contra luz
esculpe la lejanía

volverse un dios
con una larga cachimba
en la diestra
echando vaharadas
de gris evanescente
para desdibujar los vértices

volverse un dios
que mirando
crea la inquietud

a la deriva diminutas
embarcaciones con sus
divinos homúnculos
que manían redes y aparejos
son pavesas fluyendo

río de sueño
con sus peces
de platino agitado

un dios
con venas
y arrugadas comisuras
con su petardo en la otra mano
contemplando
el indeciso puerto
que se tragará la noche

un dios
sobre el pico de la cumbre
que brotó
de algún sismo
en el convulso recuerdo

un dios que tiembla
plantado arboreciendo
atascado entre la tierra
abriendo y bifurcando sus brazos
sin poder levantar
el único pie enmarañado
ni proferir un solo grito

cuando el fruto cae
o vacila la hoja
alza el vuelo
un espíritu de la luz

el oro del dios Helio
irradia
en la caparazón del mundo

Myriam Montoya

Myriam Montoya nació en Bello, Colombia.
Vive en París desde el 1994, donde hizo estudios de D.E.A (Master II) en Literatura Hispanoamericana en la Sorbona París III. Allí han sido publicados sus libros, Fugas/Fugues (L’Harmattan, 1997), Desarraigos/Déracinements (Indigo, 1999), Huellas/Traces (L’Oreille du Loup, 2008) et Flor de rechazo/Fleur du refus (Ecrits des Forges et Phi, 2009).
En 2004 apareció una antología de su obra poética, Vengo de la noche/Je viens de la nuit (Ecrits des Forges et Castor Astral) Brújula del día / Boussole du jour, Poesía, Ediciones de la Lune bleue, 2010.
Su novela La Huida/La fuite fue publicada en septiembre de 2011 en las ediciones La Dragonne.

Libros inéditos : Gentes/Personnes, Metamorfosis del Fauno/Métamorphose du Faune, El
abrazo de los ríos/L’Etreinte des fleuves
y su nueva novela Bachué.

Sus poemas han sido igualmente publicados en revistas en Francia, Suiza, Italia, Luxemburgo, Bélgica, Eslovenia, Canadá, Colombia (Medellín), Venezuela, Guinea, Senegal, Marruecos, Malta, Suecia).
Ella obtuvo una beca de creación del Centro Nacional del Libro en 2007 y 2013.
Realizó talleres de poesía durante la instalación en el Grand Palais de Christian Boltanski Monumenta 2010.
Residente de escritura en la Villa Margarite Yourcenar 2011.
Actualmente ella dirige la casa editorial de poesía L’Oreille du Loup en París, cuya colección posee 47 títulos de poesía contemporánea del mundo.

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