Agradezco a la vida haber podido conversar con Rulfo

Por Gustavo Álvarez GardeazabalPedro Páramo, que yo leía hace mas de 50 años, y todavía la tengo presente en mi memoria, y me ha dado gusto volverla a leer y saber que me impresionó tanto como cuando la estudiamos una y otra vez en la desaparecida Facultad de Letras de la Universidad del Valle con el profesor Langford de Notre Dame.

Y un libro de cuentos El llano en llamas, donde resumió en metáforas escuetas la tragedia de un país que vivió la revolución al estilo mexicano, se salpicó de sangre y se ahogó en estupideces, desde Pancho Villa hasta los cristeros, pero siempre se sintió orgulloso de ese proceso de cambio por violento y primitivo que hubiese sido.

Ha décadas, cuando yo invitaba a escritores a que vinieran a Cali a conversar con una generación pujante, hicimos vaca con Jorge Valencia Jaramillo, entonces alcalde de Medellin y trajimos a las dos ciudades a Rulfo en compañía de Camilo José Cela y Manuel Puig. Yo me encargué de ser por cinco dias el cicerone del novelista mexicano y, como no dormía porque le tenía miedo a que la muerte le llegara reventándosele un aneurisma que cargó casi toda la vida, sus conversaciones fueron tan interminables como nutrientes y hoy, cuando la gloria envuelve la figura del escueto y legendario creador de espacios y olores a través de solo dos libros que ahora parecen inverosímiles,no hago más que agradecerle a la vida por haber tenido ese privilegio [GAG1] .

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